jueves, 6 de septiembre de 2012

Una Iglesia que enfrenta sus retos:



Hay muchas voces que protestan contra la Iglesia: que  no valora a la mujer; que se opone a la ciencia, que oculta o maquilla sus defectos, y pare de contar. Son los dardos que vienen de diferentes ángulos de la sociedad. Pero, como creyente que no se pasa al andén cómodo de los que se camuflan para no ser confundidos con el blanco de los insultantes, al estilo de Pedro en la casa del Sumo sacerdote, veo que la leyenda negra no es suficientemente conjurada por los medios ni en los medios. Siempre que se dice algo al aire, se queda en el aire sin la posibilidad de que se corrija para que aparezca la verdad. 
Veamos: si la Iglesia Católica no valorara la mujer, entonces no la propondría como modelo a seguir en la santidad: cuántas santas aparecen en el santoral cotidiano de la Iglesia? Cuánto se ponderan los valores de  lo femenino, tal vez con más fuerza y naturalidad que en el seno de la sociedad que se las da de muy "feminista", y que sigue viendo lo femenino con un halo de inferioridad. Aquí se habla de santidad, de grandeza de alma, desde la feminidad, sin caricaturizar los valores de la mujer y su sensibilidad por lo sagrado. Cuando uno habla de Catalina de Siena, de Teresa de Avila, santa Rosa de Lima o de Benedicta de la Cruz, por no mencionar a la original Teresita del niño Jesús, no habla de personajes de segunda que apenas pueden alcanzar la figura del varón en el protagonismo eclesial. No. Hablamos de gigantes de la espiritualidad que encarnaron en su tiempo lo mejor de la mujer y de la Iglesia. 
Y cuando hablamos de la ciencia, cómo es que existe una academia pontificia de la ciencia que asesora al Papa y a la Iglesia en general en temas tan delicados como la fecundación; la población, el SIDA, la realidad económica del mundo; las culturas y las lenguas. Una academia que está conformada por científicos de todos los puntos cardinales y especialidades. La obra de Galileo, que tanto es usada contra la Iglesia, ha sido celebrada y reivindicada hace mucho tiempo. Todo lo que menos quiere la Iglesia es hablar sin fundamento sobre los grandes retos de la civilización actual, y para eso echa mano de todos los elementos que la ciencia le ofrece para que sus documentos oficiales dialoguen de igual a igual con el mundo.
Y el último aspecto, me parece más certero cuanto más doloroso. Después de los escándalos de los que hemos tenido noticia en varias latitudes de la Iglesia universal, poner en la página oficial de la Iglesia, de su órgano informativo, una sección dedicada a ese espinoso tema, me perece un acto de generosidad, de valor y de fe. Otras instituciones humanas, mundanas por decirlo de algún modo, corporaciones, entidades bancarias, ONGs, etc., siempre maquillan sus errores y se esconden detrás de eufemismos que no describen la realidad de sus errores ante el gran público. La Iglesia no lo hace. Encara con sinceridad sus pecados y pide perdón. Un perdón que va más allá de la retórica y se ocupa material y espiritualmente de las víctimas, muchas de cuyas querellas han arruinado diócesis enteras, cuyos obispos han asumido ante la opinión pública la amarga responsabilidad del escándalo. 
No hay que tener miedo a permanecer en la Iglesia, la cobardía y la buena imagen son espejismos mediáticos que nada tienen que ver con la obra de Cristo, fundada en la verdad de una promesa suya, más vital que nunca: "ánimo, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo!"

Padre Juan Carlos Díaz C.
Delegado de las comunicaciones de la Diócesis de Cartago
Cartago, Colombia

2 comentarios:

  1. GRACIAS POR ESTA ENSEÑANZA,QUE GRANDE ME HAGO CADA VEZ QUE OBSERVO UNA LECTURA COMO LA QUE EH LEÍDO,DIOS LOS BENDIGA....

    GRACIAS.

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    1. Gracias anónimo por participar de nuestra página, esperamos tus futuras intervenciones.

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