http://player.rv.va/vaticanplayer09.asp?language=es&visualizzazione=VaticanTic&Tic=VA_LEP1PLQDEn este link se puede seguir en vivo la ceremonia desde la Capilla, en las vísperas de todos los santos.
miércoles, 31 de octubre de 2012
500 años de la Capilla Sixtina: visperas con el Papa
martes, 30 de octubre de 2012
De Troyanos y muros
Los virus existieron primero en el ámbito de la vida biológica; durante siglos la humanidad los combatió sin conocerlos realmente, hasta la llegada de la penicilina y las investigaciones de sir Alexander Fleming, porque nada se sabía con certeza sobre el comportamiento y combate de los virus. Las posteriores guerras, hambrunas y las colonizaciones de nuevos territorios, hicieron que los antibióticos se convirtieran en una primera necesidad, cercana a la alimentación y al vestido. En los años 80 del siglo XX, la aparición del Sida y de nuevas variantes de la influenza, se convirtieron en un nuevo reto en el que la medicina tuvo que vérselas de nuevo con los virus. Los nuevos descubrimientos y las terapias, condujeron a la humanidad hacia una comprensión cada vez más precisa del comportamiento, combate y posterior simbiosis con los virus. La humanidad comprendió que los virus no sólo nos mataban sino que también nos salvaban la vida; que los virus eran necesarios para una vida equilibrada y normal, y que su combate obedecía a un equilibrio de fuerzas en su interior, lo mismo que su cultivo. La humanidad aceptó los virus y aprendió a convivir con ellos como algo inevitable. Pero, la vida no se queda quieta, ni los hombres tampoco. Los virus que antes eran solo tema de discusión con nuestro médico, pasaron a ser tema de conversación con nuestro técnico de computadoras, y casi desde el inicio de éstas en los años 80 del siglo XX, por cuenta de los mismos que las inventaron y nos las pusieron sobre nuestras mesas. Primero fueron los virus provenientes de los fallos de los sistemas operativos; luego los virus como manufacturas de algunos con intenciones negras (todavía están en las mismas); y luego, no sólo los fallos en los sistemas operativos, los de intenciones negras, y ahora tenemos hackers, es decir, los que entran en nuestras computadoras (y en nuestras vidas) como el gato o el perro de casa. Tenemos que convivir con todo eso, como si estuviéramos en una plaza pública en la que hay que interactuar con todos los que pasan, así nos entusiasme poco. Y a eso vamos, el último eslabón de los virus no para allí, y hasta los hackers son angelitos ante la avalancha de cosas que se desprenden en las redes sociales, mucho más cuando éstas crecen desmesuradamente cada día. Los mensajes de texto, las fotos, los comentarios, las insensateces! Es un mar que nos ahoga como si entrara a nuestra sala y pusiera a flotar los objetos! Esto ha llegado a producir un hastío, sinceramente comprensible: se exacerbó el poder de comunicar y la posibilidad de estar comunicado! Una marea incontenible de objetos como la que queda después de un Tsunami, y esto obliga a todo el mundo a prevenirse, porque los muros de las redes sociales ahogan con sus imágenes y ofertas.... los hackers, los virus, y los primitivos ( y no menos nocivos) troyanos (que también son virus), nos parecen un juego de "pac man" para niños. Los objetos virtuales se volvieron más pesados que los objetos reales. Lo mejor es tomar distancia: saber qué queremos, entrar en sitios seguros; mejorar la seguridad interna de las máquinas y teléfonos inteligentes; buscar lo que nos gusta, sabiendo que esa puerta tiene siempre un precio; ir a cosas seguras y buenas (que las hay y muchas) que nos permitan crecer no sólo como gente sino también económicamente, porque la red lo posibilita. Se trata de estar "en la calle", y de igual modo comportarnos con el mismo respeto y cuidado!
padre Juan Carlos Díaz C
Mensaje Final de la Asamblea Sinodal sobre la Nueva Evangelización
En la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha tenido lugar la presentación del Mensaje de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sinodo de los Obispos (7-28 octubre 2012) dedicado al tema “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.
Han intervenido el cardenal Giuseppe Betori, arzobispo de Florencia (Italia), Presidente de la Comisión para el Mensaje y los arzobispos Pierre-Marie Carré, de Montpellier (Francia), Secretario especial y Luis Antonio G. Tagle, di Manila (Filipinas), Vice-Presidente de la Comisión para el Mensaje.
Ofrecemos a continuación una síntesis del texto:
“Al inicio del documento los obispos recuerdan el pasaje evangélico de Juan que narra el encuentro de Jesús con la samaritana en el pozo: es la imagen del hombre contemporáneo con una ánfora vacía, que tiene sed y nostalgia de Dios, y hacia el que la Iglesia debe dirigirse para hacerle presente al Señor. Y como la samaritana, quien encuentra a Jesús no puede hacer otra cosa sino convertirse en testigo del anuncio de salvación y esperanza del Evangelio”.
Mirando de una manera más concreta al contexto de la nueva evangelización, el Sínodo recuerda, por tanto, la necesidad de reavivar la fe que corre el riesgo de oscurecerse en los contextos culturales actuales, también frente al debilitamiento de la fe en muchos bautizados. El encuentro con el Señor, que revela a Dios como amor, sucede sólo en la Iglesia como forma de comunidad acogedora y experiencia de comunión; desde aquí, entonces, los cristianos pasan a ser sus testigos en otros lugares”.
“Sin embargo, la Iglesia afirma que para evangelizar hay que estar, ante todo, evangelizados y lanza un llamada - empezando por ella misma - a la conversión, porque la debilidad de los discípulos de Jesús pesan sobre la credibilidad de la misión. Conscientes del hecho de que el Señor es la guía de la historia y que, por tanto, el mal no tendrá la última palabra, los obispos invitan a los cristianos a vencer el miedo con la fe y a mirar el mundo con sereno coraje porque, aunque éste está lleno de contradicciones y retos, sigue siendo el mundo que Dios ama. Por consiguiente, nada de pesimismo: globalización, secularización y nuevos escenarios de la sociedad, migraciones, incluso con las dificultades y sufrimientos que conllevan, deben ser oportunidad de evangelización. Porque no se trata de encontrar nuevas estrategias como si el Evangelio hubiera que difundirlo como un producto de mercado, sino de redescubrir los modos con los que las personas se acercan a Jesús”.
“El mensaje mira a la familia como lugar natural de la evangelización e insiste en que debe ser sostenida por la Iglesia, la política y la sociedad. Dentro de la familia, se resalta el papel especial de las mujeres y se recuerda la situación dolorosa de los divorciados y vueltos a casar: aunque se reconfirma la disciplina sobre al acceso a los sacramentos, se insiste en que no están abandonados por el Señor y que la Iglesia es la casa que acoge a todos. El mensaje cita también la vida consagrada, testimonio del sentido ultraterrenal de la existencia humana, y las parroquias como centros de evangelización; recuerda la importancia de la formación permanente para los sacerdotes y los religiosos e invita a los laicos (movimientos y nuevas realidades eclesiales) a evangelizar permaneciendo en comunión con la Iglesia. La nueva evangelización acoge favorablemente la cooperación con las otras Iglesias y comunidades eclesiales, también ellas movidas por el mismo espíritu de anuncio del Evangelio. Se presta particular atención a los jóvenes, en una perspectiva de escucha y de diálogo para recuperar, y no mortificar, su entusiasmo”.
“A continuación, el mensaje mira al diálogo de distintas maneras: con la cultura, que necesita una nueva alianza entre fe y razón; con la educación; con la ciencia que cuando no encierra al hombre en el materialismo se convierte en una aliada de la humanización de la vida; con el arte; con el mundo de la economía y el trabajo; con los enfermos y los que sufren; con la política, a la cual se pide un compromiso desinteresado y transparente del bien común; con las otras religiones. En particular, el Sínodo insiste en que el diálogo interreligioso contribuye a la paz, rechaza el fundamentalismo y denuncia la violencia contra los creyentes. El mensaje recuerda las posibilidades que ofrecen el Año de la Fe, la memoria del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia Católica. Por último, indica dos expresiones de la vida de fe, especialmente significativas para la nueva evangelización: la contemplación, donde el silencio permite acoger mejor la Palabra de Dios, y el servicio a los pobres, para reconocer a Cristo en sus rostros”.
“En la última parte, el mensaje mira a las Iglesias de las distintas regiones del mundo y a cada una de ellas les dirige palabras de aliento para el anuncio del Evangelio: a las Iglesias de Oriente les desea que puedan practicar la fe en condiciones de paz y de libertad religiosa; a la Iglesia de África le pide que desarrolla la evangelización en el encuentro con las antiguas y las nuevas culturas, haciendo después un llamamiento a los gobiernos para que cesen los conflictos y la violencia. Los cristianos de América del Norte, que viven en una cultura con muchas expresiones lejanas del Evangelio, deben mirar a la conversión, a ser abiertos para acoger a los emigrantes y refugiados. Se invita a América Latina a vivir la misión permanente para hacer frente a los desafíos del presente como la pobreza, la violencia, también en las nuevas condiciones de pluralismo religioso. La Iglesia en Asia, aun cuando es una pequeña minoría a menudo relegada al margen de la sociedad y perseguida, es animada y exhortada a mantenerse firme en la fe. Europa, marcada por una secularización también agresiva y herida por regímenes pasados, ha creado sin embargo una cultura humanística capaz de dar rostro a la dignidad de la persona y a la construcción del bien común; las dificultades del presente no deben por tanto abatir a los cristianos europeos, sino que deben ser percibidas como un reto. A Oceanía se le pide que sienta de nuevo el compromiso de anunciar el Evangelio. El mensaje se cierra encomendándose a María, Estrella de la Nueva Evangelización”.
viernes, 26 de octubre de 2012
Mensaje final de los padres sinodales
miércoles, 24 de octubre de 2012
Asociación Católica mundial para la Comunicación
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